Discursos e Intervenciones

Discurso Pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz a los obreros de la Fundicion Huachipato, Concepcion, Chile, 17 De Noviembre De 1971

Fecha: 

17/11/1971

Queridos obreros de la siderurgia de Huachipato:  

Aquí se ve que hace falta un poco de pisco (RISAS).  

Me siento apesadumbrado de no haber podido visitar durante más tiempo la industria.  Apenas hemos podido ver el alto horno número 2 y después la segunda sección de los hornos Martin; no hemos podido llegar a los talleres de laminado, no hemos podido llegar a los talleres de mantenimiento, y prácticamente se nos ha quedado casi todo sin ver.  Esas son las consecuencias de la ambición, cuando uno quiere hacer demasiadas cosas en poco tiempo.  Y eso me ha ocurrido a mí en la tarde de hoy.  Las pocas posibilidades que tiene uno de llegar a ver una industria como esa y, sin embargo, apenas poder estar unos minutos.  

No he tenido virtualmente tiempo de conversar con los trabajadores.  Me hubiera gustado cambiar impresiones largamente con ellos.  Pero, de todas formas, he podido apreciar el nivel de producción que han alcanzado en esta industria y, más o menos, la composición de la producción y también los planes que tienen de ampliar esta siderurgia.  

Desde luego que, además de apesadumbrado por no haber podido verla toda, me voy entristecido y defraudado porque nosotros no les vamos a poder comprar a ustedes ni un metro cuadrado de acero laminado aquí.  Y yo dije:  bueno, a lo mejor somos clientes de Huachipato.  Pero, ¡qué va!  Parece que lo que Huachipato produce no alcanza para el consumo nacional.  Y además, cuando amplíen la industria esta a un millón de toneladas, tampoco alcanza para el consumo nacional.  Entonces no hay manera de que nosotros podamos comprar ni un kilogramo de acero en Huachipato.  

Esta industria tiene ciertamente una gran importancia para su país.  

Ayer nosotros, visitando el puerto pesquero de Iquique, nos encontrábamos el problema de la industria aquella:  que no le alcanza la hojalata.  Y no le alcanza la hojalata a pesar de que está al 30% de la producción.  Cuando logren ponerla al 50%, al 60%, al 80%, entonces tendrán que gastar más hojalata.  

Y ustedes han visto esas latas de bonito, de atún, que llegan de allá de Iquique.  Seguramente que de vez en cuando alguna lata de esas llega por acá, ¿verdad?  ¿Sí, o no?  Bueno, se gastan casi un escudo en hojalata.  Y eso es pensando solo en pescado.  Pónganse a pensar ahora en todos los cientos de diferentes tipos de envases que llevan hojalata:  leche condensada y alimentos de todo tipo.  ¡Ah!, por cierto que importan de Estados Unidos una gran parte de la hojalata para envasar el pescado, que viene, por cierto, con mucho estampado y mucha cosa.  Ustedes todavía no tienen la técnica del estampado.  Pero allí tuvimos oportunidad de ver las latas que ya se hacen también con hojalata de Huachipato.  No tienen el estampado aquel artístico, pero resuelven perfectamente bien el problema; y entonces, al no poder poner el estampado en el metal lo que le ponen es la etiqueta en el metal.  Yo no tengo dudas de que también algún día ustedes —eso no es una cosa urgente ni mucho menos—, algún día ustedes también tendrán las técnicas, dominarán las técnicas y podrán hacer también hojalata estampada y todo eso cuando lo consideren conveniente, como una cuestión de presentación del producto.  

Pero allí me daba cuenta de lo que son los problemas del subdesarrollo.  El país tiene que hacer grandes gastos en divisas.  Tenemos a veces la situación de los precios del cobre bajos, los problemas de la deuda exterior.  Y uno piensa que todo aumento en la producción de todas esas industrias requiere inmediatamente gastos de moneda exterior.  ¿Por qué?  Porque el país no produce suficiente.  

Pero a pesar de todo, y que a ustedes no les alcanza, ustedes, comparados con nosotros, son unos privilegiados en materia de siderurgia.  

Nosotros no tenemos nada que se parezca a esta industria.  A nosotros ni los imperialistas ni los capitalistas nos dejaron nada de eso.  Así que han tenido suerte.  Ni una pulgada cuadrada de hojalata —¡ni una pulgada cuadrada de hojalata!—, ni una pulgada cuadrada de laminado de ningún tipo.  

Después de la Revolución nosotros pudimos iniciar la instalación de determinados hornos, como la sección 2 de ustedes, que trabajando con arrabio importado, alguna chatarra —me imagino que producen chatarra ahí también, aunque los países subdesarrollados no tienen mucha chatarra, porque para tener chatarra hay que haber tenido otras cosas antes:  equipos, máquinas, acero elaborado...  Y tenemos una producción de lingotes y una producción de cabillas de acero corrugado para las construcciones.  ¡Es lo único que nosotros hemos podido hacer hasta ahora!  Además de eso, tenemos en proyecto un nuevo molino.  

Nuestra microsiderurgia llegará a producir unas 300 000 toneladas de lingote, y se va a dedicar fundamentalmente a la producción de acero para la construcción, es decir, cabilla corrugada, y también acero de alto limite elástico para la construcción en los prefabricados.  Eso es por ahora todo lo que nosotros tenemos en perspectiva.  

Ahora en nuestro país se está construyendo ya, se está levantando el complemento para completar los hornos y para establecer el molino para producir el alambrón.  Y después del alambrón viene otro proceso ulterior, donde no tenemos todavía resuelto lo del equipamiento.  Porque nosotros tenemos, igual que tienen todos, los problemas de los recursos con que poder comprar algunas de esas tecnologías.  

¿Pero se ha hecho después de la Revolución algo que se parezca a un alto horno?  Nada.  Hay alguna cooperación que está haciendo Corea con nosotros para un tipo de horno que nos permita producir algunas cantidades de arrabio, o más bien un producto llamado semiacero, partiendo de nuestro mineral, y que sirva para ahorrar chatarra.  Es decir, sustituye la chatarra en parte para la producción de los aceros al carbón en los hornos Martin.  Esas son nuestras más inmediatas perspectivas en materia de siderurgia.  

Y nosotros apreciamos mucho lo que significa para el desarrollo del país todo lo que es la producción de acero.  Pero, desgraciadamente, no tenemos carbón, nuestro hierro está en forma de laterita —requiere un proceso especial de elaboración—; no tenemos altos hornos, no tenemos trenes de laminar.  Cuando en nuestro país hay que hacer cualquier cosa:  una carreta, una carretilla de mano, ¡cualquier cosa!, hay que importar el acero.  Todo, de todos los calibres, desde la hojalata hasta la gama esa de acero de distintas denominaciones.  Y a mí me decía el jefe de operaciones de la fábrica, que ellos hacían una variedad muy grande de distintos aceros que producían ustedes aquí.  Nosotros, como tenemos que importarlo todo, a cada rato surge una necesidad y tenemos que usar siete u ocho tipos de laminados diferentes:  se nos para la producción porque tenemos seis y nos falta un laminado; falta por aquí, falta por allá.  

Hoy día no se puede concebir el desarrollo sin acero.  Lo mismo para construir, para hacer moldes, para hacer maquinarias, para hacer equipos agrícolas, para hacer todo:  solamente a base de acero.  

Nosotros tenemos algunas otras fundiciones en hornos eléctricos para la producción de piezas de repuesto para los centrales azucareros.  Pero tampoco somos un país que tengamos, por ejemplo, mucha energía hidráulica.  Los países que han podido disponer —como Suecia— de grandes cantidades de energía hidráulica y, por lo tanto, de gran cantidad de energía eléctrica barata, han podido dedicarse a los aceros especiales.  

Nuestro país tiene algunos recursos minerales.  Nosotros, por ejemplo, tenemos el hierro abundante, aunque en forma de laterita; en forma de óxido no tenemos mucho, pero tenemos algo.  Nosotros tenemos níquel.  La primera reserva mundial de níquel está en nuestro país.  Nosotros tenemos cromo mezclado con el níquel.  De manera que en el níquel hay:  níquel en primer lugar, hierro, cromo, aluminio y cobalto.  Nosotros también tenemos todos esos minerales mezclados.  No hemos podido desarrollar la explotación de todo eso.  Pero nuestro país tendría condiciones excepcionales para desarrollar, en todo caso, teniendo las materias primas que son esenciales, la producción, por ejemplo, de aceros especiales.  

Por ejemplo, cuando ustedes van a poner un tanque en una industria láctea, en una industria alimenticia, para transportar cerveza —yo no sé si la cerveza ustedes la transportan aquí toda en botellas o transportan alguna también en tanques para la distribución—, se requiere mucho acero inoxidable.  El acero inoxidable se compone fundamentalmente de cromo y de níquel; luego, de hierro.  Y esos son minerales que abundan en nuestro país.  

Sin duda que a medida que las economías de nuestros países se desarrollan, en la medida en que nuestras economías se puedan ir acercando y se puedan ir integrando, entonces nosotros tendremos las posibilidades de verdadero desarrollo en el futuro.  

Cuando nosotros preguntábamos si no se producían raíles de línea, plantearon:  "Bueno, los raíles de línea requieren costosas inversiones y las necesidades de raíles de línea de Chile nunca justificarían establecer un tren de laminado para raíles de ferrocarril." De manera que también nuestros países cada vez que necesitan raíles de ferrocarril tienen que irlos a buscar a Europa; me imagino que otros los buscan en Japón, otros los buscan en Estados Unidos.  

Esa es la situación de nuestros países, que no tienen un ámbito de mercado suficiente para establecer industrias realmente modernas y realmente en gran escala.  

Yo les preguntaba también a ellos:  "¿Cuánto acero están produciendo ustedes por hombre?" Ellos me decían que estaban produciendo 108 toneladas de acero por hombre.  Y yo les preguntaba que cuánto producían en Estados Unidos, y me contestaron muy bien:  "De acuerdo con el grado de especialización alcanzado, hay algunas industrias norteamericanas que producen hasta 300 toneladas de acero por hombre." y les pregunto:  "¿Y cuánto produce por hombre Japón?" Dicen:  "Eso es una barbaridad, porque ya están proyectando plantas incluso hasta de 15 millones de toneladas de acero."

¿Se imaginan las desventajas de nuestros países?  Mientras el país que necesita más los recursos, el país que se quedó técnicamente atrás, el país más pobre, produce 100 ó 108 toneladas por hombre, el país desarrollado, el país más rico, entonces produce o puede producir cuatro o cinco veces más por hombre al año.  ¿Se dan cuenta de cómo la diferencia esa se agranda entre los países desarrollados y los países que nos hemos quedado rezagados, o que nos han dejado rezagados?  Es realmente como hay que decir:  que nos han dejado rezagados (APLAUSOS).  

Porque la política fue llevarse nuestros minerales, que tuviéramos allí:  saca este mineral de aquí, saca el otro de allá.  Materia prima barata, y vendernos productos elaborados caros.  Esa fue la política que se hizo en América Latina.  Mantenernos además divididos, para que siempre fuéramos débiles, para que nunca pudiéramos realmente ocupar un lugar decoroso en este mundo.  

Esa es la realidad, con palabras bien claras y con palabras bien sencillas.  

Y estamos empezando casi de la nada.  Pero aun si a nosotros nos emociona ver que el hermano pueblo chileno por lo menos —aunque sean 108 toneladas por hombre— tiene ya esta industria, tiene proyectos de ampliarla, no tiene que estar importando todos los laminados que necesita, no tiene que estar importando mucho del acero que necesita; y en el futuro no tendrá que importar la hojalata que necesita para su industria alimenticia.  Nos alienta eso.  

Cuando estábamos en las minas de Chuquicamata, estábamos viendo aquellas maquinarias que están allí, y pensábamos:  ¿Cómo se las arreglarán los chilenos si tienen problemas como los que tuvimos nosotros, que de repente nos bloquearon, nos cerraron piezas de repuesto, máquinas y todo?  ¡Ah!, pero si ustedes tienen una industria de acero y tienen buenos talleres de mecánica, hacen la inmensa mayoría de los componentes de aquella industria del cobre, para que nada ni nadie pueda parar la industria del cobre si vienen agresiones de tipo económico contra Chile (APLAUSOS).  Es decir, eso es una gran ventaja.  

A nosotros nos han dicho que ustedes tienen magníficos obreros calificados en la industria mecánica.  Y me explicaron que muchos de los componentes de aquella industria del cobre se fabrican aquí, y algunas de las piezas grandes, y algunas de las piezas pesadas.  Claro, cuando se trata del transporte —unos camiones gigantescos allí— hay que importarlo.  Hasta las gomas hay que importarlas, aunque ya están pensando producir las gomas, para ahorrarse como un millón y medio de dólares en esa cuestión.  Las grúas grandes tienen que comprarlas, porque imagínense países pequeños que necesitan tres grúas por año, ¿cómo pueden desarrollar una industria?  Entonces tienen que ir a la gran potencia económica que sí tiene grandes industrias, y que las venden caras a más no poder.  

Porque a veces nosotros hemos estado viendo algunas máquinas, y decimos:  estas máquinas, ¿cuánto cuestan estas máquinas?  Nos dicen:  "No, esas valen casi un millón de pesos."  Y uno analiza, calcula, y se pone a meditar, y se da cuenta de que aquellas máquinas no deben costar más de 250 000 dólares producirlas.  Y dije "pesos", pero hay que hablar en dólares, que aunque está devaluado, por lo menos ha servido de punto de referencia, ¿se dan cuenta?  Aunque está en crisis el dólar, hay que tomarlo como medida para tener una idea.  Y decimos que esa máquina cuesta un millón de dólares —estoy seguro—, lo que le cobran al país, con piezas de repuesto y todas esas cosas.  Y resulta que no cuesta ni        250 000, cuando usted calcula el acero que tiene, el trabajo invertido.  Esas son realidades.  

Y nos venden muchas de esas maquinarias a nuestros países a precio de monopolio.  Y encima de todo eso, si se ponen bravos, les da la gana de amenazarnos con que no nos mandan las piezas.  Es una tremenda desgracia.  

Por eso cuando nosotros hablamos de revolución, cuando hablamos de independencia, cuando hablamos de patriotismo, no solo nos referimos a la cuestión elemental de la justicia social, porque ya el hombre ha ganado suficiente conciencia como para saber que la explotación del hombre por el hombre tiene que acabarse.  Nos referimos incluso a la posibilidad de que una nación pueda vivir.  ¿Y así vive?  ¿Cómo?  ¿Prestado?  ¿De misericordia?  ¿Sin ninguna seguridad?  ¿Expuesta a todo tipo de agresiones?  

Esa es la importancia que tiene el desarrollo de los países y es la importancia que tiene la producción de acero.  Esa es la importancia que tiene la unión de nuestros pueblos.  Esa es la importancia que tiene la unión de nuestros países.  Porque a nosotros, divididos, nos pueden hacer daño —y nos hacen bastante—, y nos tratan de aplastar, aunque no nos aplasten, porque a Cuba solita allí no la pudieron aplastar de ninguna manera (APLAUSOS).  

Ahora, hay que decir que si a nosotros no nos aplastaron fue porque recibimos un gran apoyo del campo socialista, principalmente de la URSS, que cuando nos faltó el petróleo y nos faltó todo, nos apoyó, y nos permitió a nosotros resistir el bloqueo más criminal que le hayan impuesto a un pueblo.  Porque nosotros no producíamos ni un litro de petróleo prácticamente, ni un litro;  y consumíamos 4 millones, y lo recibíamos todo de Estados Unidos, que nos compraba el azúcar.  Y de repente nos quitaron el mercado del azúcar y además nos quitaron todo el petróleo.  ¿Ustedes se imaginan que a un país lo dejen sin un litro de petróleo?  Es volver a la era de la mula, del caballo...  Bueno, ¡creo que ni a la bicicleta!  Si le quitan a un país el petróleo no puede andar ni en bicicleta.  Ibamos a volver a la época de la calesa, del coche, del quitrín.  A eso realmente nos quisieron reducir.  

¿Por qué?  ¡Ah!, un pequeño país.  ¡Un pequeño país!  Además, vamos a llevarles todos los técnicos.  Vamos a abrir las puertas aquí para tratar de crear dentro una situación de caos, para que todo el que sea débil de carácter, que no sea suficientemente patriota, se vaya.  Porque el imperialismo siembra la falta de patriotismo, siembra el espíritu de conformismo; siembra, además, la ilusión de la sociedad de consumo.  Siembra todas esas cosas.  ¿Objetivo?  Liquidar en los hombres el sentimiento, liquidar en los hombres el patriotismo.  ¿Para qué?  Para que no haya resistencia a la penetración, para que no haya resistencia a los intereses de los grandes monopolios.  Y esa fue toda la historia que nos hicieron a nosotros todos.  

Pero nosotros estamos seguros de que en la medida en que nuestros pueblos se acerquen, se comprendan, se unan, cooperen y luchen juntos —y ese es un camino desde luego que no es de hoy para mañana, que es un camino arduo, un camino largo, un camino difícil; será necesario todavía mucha toma de conciencia, muchas comprensiones y muchas divulgaciones—, entonces nuestros países serán más fuertes y tendrán un verdadero derecho a vivir en el mundo de mañana.  

Nuestros antepasados hace más de 150 años comenzaron las luchas por la independencia.  ¡Largo camino es el que hemos tenido que recorrer!  ¡Larga historia de atropellos, de abusos, de intervenciones, de explotaciones de todo tipo!  ¡Largo camino!  Pero nosotros creemos que las cosas están empezando a enderezarse.  Nosotros consideramos que los últimos años son años de un viraje histórico de este continente.  Y la Revolución Cubana, en el momento en que se produce, es el momento en que empieza un país a sacudirse de arriba el yugo imperialista, ¡pero a sacudírselo de verdad!  Pero la sacudida fue tan grande que no quedó ni rastro de yugo allí.  Esa es la realidad (APLAUSOS).  

Después han sido un poco más cautelosos, cuidadosos.  Pero, ¡cuidado con el zorro!  El zorro, bueno, quiere sustituir la agresividad y la ferocidad por la astucia, ¿no?  Lo ha tratado de hacer.  Pero a nosotros nos descargaron todas sus iras, sobre nosotros descargaron sus furias.  En realidad, ¿qué consiguieron?  ¡Nada!  Trataron, además, de separarnos de nuestros hermanos, trataron de separarnos de los chilenos.  ¿Y qué consiguieron?  ¡Nada!  

Si hay algo que tiene gran valor como símbolo es la actitud que ha tenido el pueblo chileno para con nuestro pueblo.  Porque si es verdad que hemos sufrido, si es verdad que hemos sufrido en nuestras propias carnes las agresiones, las injusticias y las persecuciones del imperialismo —y aún las sufrimos—, cuando nosotros vemos que a nuestros pueblos hermanos, al hermano pueblo chileno...  Y por encima de todas las campañas de mentiras, de calumnias, de todas las increíbles cosas con que quisieron deformar la imagen de la Revolución, ¡incluso hablando de los problemas de Cuba!  ¿Cómo no va a tener problemas Cuba?  Si un elefante le cae arriba a una hormiga es lógico que la hormiga pueda tener algunos problemas (RISAS).  El elefante con el pie puesto arriba de la hormiga, la hormiga no puede moverse, la hormiga no puede caminar.  ¡Y el pie puesto arriba!  ¿Comprenden?  Esa ha sido la moral ruin del imperialismo en relación con nuestro país.  Esa es la verdad y la mentira.  "Esta hormiga es mala, hay que seguir con el pie arriba de esta hormiga.  Pero el pie mío no me alcanza.  Vengan más elefantes a poner los pies sobre la hormiga." O más:  "Vengan las demás hormigas a poner el pie sobre esta hormiga." Eso es lo que les decían a los países latinoamericanos:  "Vengan a poner también el pie sobre Cuba."

Sin embargo, ¿qué ha demostrado este encuentro entre nuestros dos pueblos al cabo de tantos años?  ¡Ah!, que hay cosas más poderosas que la mentira, cosas mucho más poderosas que la injusticia, algo mucho más sólido que toda esa desvergüenza.  ¡Y es el sentimiento de los pueblos, el instinto de los pueblos!  

¿Por qué los chilenos dan estas muestras de adhesión a Cuba?  ¿Es acaso porque recibieron toneladas y toneladas de propaganda?  ¡No!  Si recibieron toneladas y toneladas fue de propaganda contra Cuba.  ¿Y qué ha ocurrido?  Aquí lo tenemos:  el instinto, esas corrientes que comunican a los pueblos es lo que ha obrado ese milagro de la actitud de los chilenos hacia Cuba, es lo que ha obrado ese milagro que vimos en la tarde de hoy:  ese increíble enjambre humano, hormiguero humano.  ¡Y a ese hormiguero sí que ningún elefante le puede poner el pie encima!  (APLAUSOS.)

Y nosotros decíamos:  ¿De dónde han salido tantas personas?  Es precisamente ese milagro del instinto de los pueblos, de la comunicación de nuestros pueblos.  

Es por eso que nosotros nos hemos sentido muy emocionados, no por las personas que hay aquí.  Los hombres pasamos, los pueblos son los que permanecen, las ideas son las que permanecen, la historia es lo que permanece.  Ninguno de nosotros nos sentimos acreedores personalmente de ninguno de estos honores.  Sí nos sentimos representantes de un pueblo que ha luchado, sí nos sentimos representantes de una causa y de una bandera revolucionaria.  

Y en nombre de ese pueblo, de esa causa y de esa bandera revolucionaria es que nosotros les damos a ustedes —a los chilenos, y a ustedes en este instante, a los obreros siderúrgicos—, de todo corazón, nuestras más sinceras gracias y nuestras más emotivas gracias (APLAUSOS).

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