Cartas e Mensagens

Ustedes no correrán la suerte de sus semejantes en otras regiones de la Tierra (1999)

Queridos compañeros de la Asociación Cubana de Limitados Físico-Motores:

Otras tareas me imposibilitan, como hubiera querido, estar con ustedes en el III Congreso de la combativa Asociación de nuestros limitados físico-motores, pero me he mantenido informado no sólo de los preparativos y del desarrollo de sus jornadas, sino también de cuánto se ha logrado en los cinco años transcurridos desde el congreso anterior.

No es para ustedes un secreto la permanente voluntad de nuestro Estado socialista de proteger a los grupos más vulnerables de la población, pese a las condiciones en que hemos enfrentado casi 40 años de criminal bloqueo imperialista, recrudecido en estos tiempos de período especial. En este contexto la atención a las personas con alguna discapacidad ha constituido, constituye y constituirá una de las acciones más enaltecedoras emprendidas en aras de su integración y participación en la sociedad que juntos edificamos, transformamos y defendemos.

También ustedes saben qué lejos estamos de que sea la caridad, como ocurre en otros confines del planeta, lo que caracteriza esa atención, y el empeño que se pone en satisfacer sus necesidades. Es la moral, es la solidaridad, es el humanismo propios de la Revolución lo que los sustenta; es el interés de que cada discapacitado pueda ser y sentirse útil.

Ahí están los programas de salud, los de la educación especial, los de asistencia social, los que más recientemente, luego del histórico I Congreso de la ACLIFIM, fue promoviendo y consolidando el Gobierno en función de resolver el justo reclamo de ustedes de contribuir a garantizar las conquistas sociales de la Revolución.

El mundo vive hoy tiempos cruciales. La mayoría del 10 por ciento de la población universal que se calcula padece de alguna discapacidad, es sin duda la que más sufre las nefastas consecuencias de la globalización neoliberal que se ha impuesto y que cada día suma nuevas víctimas a su saldo de pobreza, analfabetismo, insalubridad, dolor y muerte. Para esos millones de personas poca o ninguna es la esperanza, aunque hipócritamente mucho se presuma de respeto por los derechos humanos.

Ustedes no correrán la ingrata suerte de sus semejantes en otros lugares de la Tierra, en muchos de los cuales ni siquiera tienen organizaciones como la ACLIFIM o sus asociaciones hermanas, la ANCI y la ANSOC, para luchar por sus derechos. Ustedes no tendrán que recurrir a reivindicaciones elementales en su congreso.

Sus planteamientos son otros, sus deliberaciones son otras: para ser más útiles, para aportar más, para cerrar filas y marchar más unidos que nunca junto a la Revolución. De eso he sabido y puedo asegurarles que nos sentimos orgullosos de contar con la pujante fuerza que ustedes representan.

Seguiré de cerca los resultados y acuerdos del Congreso. Tengan la certeza de que lo único que impedirá que se avance con mayor celeridad en la solución de sus problemas serán nuestras actuales limitaciones materiales, pero sepan, asimismo, que encontraremos fórmulas para resolverlos y responder a la confianza en la Revolución que ustedes siempre han demostrado.

Su voluntad a toda prueba y su inclaudicable espíritu revolucionario son un estímulo para todos nosotros.

Fraternalmente,  

Fidel Castro Ruz

26/06/1999